300, un extraño producto
Han pasado varios meses desde su estreno y, por fin, la terapia intensiva a la que me sometí parece que da sus frutos y puedo enfrentarme a la crítica de este producto audiovisual (me niego a llamarla película) llamado 300.
Acudí a la cita con más miedo que vergüenza, las cosas como son, sabiendo que el universo Miller me queda tan lejano como las meditaciones de los hipocampos en las fosas abisales marinas. Vamos, que estoy mayor para comics.
Y encima, me encuentro con una “historia” (entrecomillo el sustantivo porque carecía de todo lo que debe tener una historia propiamente dicha) sin pies ni cabeza, estéticamente formidable, porque lo cortés no quita lo valiente, pero absolutamente insulsa a nivel cinematográfico.
Porque esta pseudo-película está rodada a cámara lenta en más de un 80% de su duración que, no olvidemos, es un recurso cinematográfico como otro cualquiera pero, cuando se convierte en tu único argumento, aburres hasta a las ovejas. Para entendernos, la cámara lenta es como el balón en largo en el mundo del fútbol… puedes usarlo de vez en cuando pero, si abusas de ello, o eres muy bueno (y no es el caso), o resultas cansino y repetitivo.
Evidentemente, esta crítica está realizada desde el punto de vista de alguien a quien el universo Miller le resulta totalmente desconocido y contempla boquiabierto el espectáculo de seres extraños que parecen salidos del bar de La guerra de las galaxias en el que, por obra y gracia de este (supongo) genio, se convierten espartanos y persas.
Si este es el futuro del cine, empezaré a pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor.
Artículo de Tony Brasco
Productor y guionista... como diría el replicante al que encarnó Rutger Hauer en la mítica Blade Runner... "he visto cosas que vosotros no creeríais"... algunas se pueden contar y otras, habrá que pensarlo...



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