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Cine Sonoro - Cine Mudo. Comparación entre Amanecer y Tiempos Modernos


Para un espectador del siglo XXI, el cine está asociado al sonido. Que una sala no tenga un buen sonido equivale a arruinar el espectáculo de una buena película. Pero el sonido no siempre estuvo con el cine. La primera presentación de cine fue la famosa del 28 de diciembre de 1895 en la que los Hermanos Lumière presentaron una serie de documentales cortos, con el clásico del tren llegando a la estación que tanto miedo produjo en los espectadores. Pero… no tenía sonido. Recién más de 30 años después llegaría el sonido al cine con El cantante de jazz. Veamos ahora las diferencias de cómo se dio el lenguaje cinematográfico en esas dos eras del cine: el mudo y el sonoro.

Tiempos Modernos, estrenada en 1937, se ubica ya en plena época del cine sonoro. Y es un film sonoro. Pero así y todo tiene un rechazo por el diálogo, y la utilización plena del sonido. Podemos ver en ella todavía el discurso típico del cine mudo.

Amanecer (1927), por otro lado es un film del final del período mudo. Se ubica justo en la época en que la industria del cine en USA estaba cambiando por la sonorización de los películas. Y en esta película se ve el grado máximo y más claro al que llegó el discurso audiovisual en el cine mudo. Podemos ver como el director Murnau construye el relato sin la necesidad del sonido, incluso prescinde casi de los típicos carteles explicativos del cine mudo. Con la puesta en escena, el montaje, las actuaciones, etc, logra contarnos una historia perfectamente comprensible, y atrapante, sin la necesidad del sonido. El espectador se ve dentro del film, y de la historia, con la construcción que hace Murnau sólo mediante la imagen.

Chaplin, en Tiempos Modernos, no realiza un uso “correcto” del sonido, o no lo aprovecha. Lo incluye como un simple accesorio. No debido a una impericia del director, sino justamente a un rechazo que el mismo tenía por el sonido en el cine. Chaplin creía que el habla arruinaría al cine, dice “Aniquilan la gran belleza del silencio”, en el texto “El gesto comienza donde acaba la palabra o ¡Los “talkies”!”. “No alcanzo a entender por qué la utilizan (la palabra) quienes podrían prescindir totalmente de ella”, dice en el mismo artículo. Pero no rechazaba el uso de la música como acompañamiento, distanciándolo de el uso de la palabra con un argumento bastante endeble: “Muchas personas que jamás han podido oír música de verdad, ahora la podrán oír en el cine”. La música siempre había acompañado al cine mudo, sólo que desde un número vivo en el lugar de proyección. La verdadera razón de que rechace a los diálogos era que su personaje era un mimo, y como él mismo dice, el habla en el cine ataca a la tradición de la pantomima que tanto trabajo le había costado introducir en la pantalla, para él lo único a partir de lo cual debe ser juzgado el arte cinematográfico.

Pero así y todo Chaplin logra, en Tiempos Modernos, usar el sonido como un elemento discursivo. Ya que no utiliza el habla en su película como algo normal a lo largo del film, si incluso sigue utilizando los típicos carteles del cine mudo para mostrar que es lo que hablan sus personajes. Sino que utiliza el habla sólo en casos en que generan un sentido, como es el poner la voz únicamente en momentos claves. Como cuando habla el jefe explotador de la fábrica, o el inventor de la maquina alimentadora (en realidad vemos que es una grabación y no él hablando), o la radio dando noticias, e incluso en la canción del restaurante cuando canta el vagabundo.

Con esta visión Chaplin se distancia de los realizadores rusos, si bien ambos temen que el habla en el cine transforme al arte cinematográfico en el simple hecho de mostrar en una pantalla una obra de teatro. Los realizadores soviéticos, como Eisenstein, opinaban que el sonido era peligroso para el arte cinematográfico, ya que podía ser utilizado con la ley del menor esfuerzo, limitándose a satisfacer la curiosidad del público (como hace Chaplin en sus películas). Ellos decían que “el medio fundamental mediante el cual el cine (mudo) ha sido capaz de alcanzar tan alto grado de eficacia es el montaje”, dicen los soviéticos en su manifiesto. Por lo que ellos sólo admitían el sonido en el cine si se utilizaba para “reforzar y desarrollar las invenciones de montaje para producir un efecto sobre el espectador”. Por lo que el sonido debía ser utilizado a modo de “contrapunto respecto a un fragmento de montaje visual”, sólo así, como una parte indispensable de un todo que otorga sentido al cuadro ofrecería nuevas posibilidades para desarrollar y perfeccionar lo que para ellos era lo más importante en el cine: el montaje. El sonido así utilizado podría realzar la significación del cine, y su fuerza cultural hasta un punto desconocido, decían.

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Comentarios al artículo

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