El Caso Wells (The Flock): un mal intento.



Reseña. Esta cinta, dirigida por el inidirectamente oscarizado Wai Keung Lau (es el director de ‘Infernal Affairs’, la original ‘Infiltrados’ que Scorsese calcó) nos muestra a un Richard Gere que a este paso se va a retirar sin pena ni gloria de la gran pantalla.

 

No vi ‘El Caso Wells’ en el cine. Mejor. La cartelera suele tener grandes películas como para caer en el error de ver esta. Esperé a verla en el salón de mi casa, con unas palomitas y un refresco, sin haber hecho por enterarme de la trama, de la crítica ni de consejos provenientes de conocidos. Yo contra Wells.

Y la verdad, la cosa empieza mal. Las primeras tomas me recordaron enormemente la puesta en escena de ‘Enemigo público’ debido a la música y la cámara aérea. Nada más lejos de la realidad, este es el único punto en común que tiene con aquella. Con voz de Richard Gere se nos presenta la película: “Cuando uno persigue a monstruos, tiene que tener cuidado de no convertirse en un monstruo en el camino”. O algo así.

Richard Gere aka Errol Baggage es un funcionario dedicado a vigilar a cuanto pederasta, exhibicionista, violador y demás delicuente sexual abandona prisión para tratar de enderezar su vida. Sin embargo, él se cree más que eso y va por la vida de policía o justiciero o guardián de la verdad absoluta y se toma la ley por su mano, cuando no hace de investigador. Si tanto le gusta investigar, no sé que hacía en un despacho. Debería haber sido policía.

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El jefe de Errol está cansado de sus actuaciones y decide jubilarlo, pero antes Errol Baggage tiene que instruir a la que será su sustituta, Claire Danes aka Allison. Junto a ella se ve inmerso en una investigación a espaldas de la policía en la que tratarán de encontrar a una chica secuestrada por algún delincuente sexual que, según el todopoderoso Errol, figura en su archivo de éxitos, es decir, su historial de vigilados.

Y lo que bien podría ser una interesante película crítica con la delincuencia sexual y el comportamiento de estos sujetos, se pierde en un incesante carrusel de escenas superpuestas que no hacen pensar para nada al espectador. Eso sí, no aburre. Está bien para pasar el rato, pero no busquen un ‘Seven’ donde no lo van a encontrar. Lo único que puede dar que pensar es el modo en el que Errol se convierte en justiciero, propinando alguna que otra paliza a algún que otro delincuente sexual, fiel reflejo del sentimiento de la sociedad, del rechazo que sentimos cuando sale a la luz alguna noticia de esta índole.

Y eso es todo, amigos. La película en sí no tiene más. Veanla si no tienen otra cosa que hacer. Entretener, entretiene.



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Artículo de Sergio Barba

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