El cine y la ópera. Parte 1º
Es bastante frecuente y natural que éstas dos artes se crucen, ya que en ambos casos estamos hablando de artes de transcurso que nos ofrecen un espectáculo dramático y aspiran a una obra de arte “total”.
Ambas utilizan un téxto, ya sea un guión o libreto y transitan el vivo proceso de la actuación, el color, los trajes, la voz de los actores, etc. Podemos decir que son opuestos de una misma línea, el cine por ser el principal espectáculo audiovisual de hoy en día, y la ópera por ser sin duda alguna la más antigua.
Apostando a éste juego de contraposiciones que nos brinda la actualidad, el cine viene ocupandose hace bstante tiempo de la representación lírica, dando origen a la película de ópera.
En el libro “Fascination de l’irréel” (publicado en Cinématographe, noviembre de 1979) Emmanuel Decaux revive los orígenes remotos de la unión de estas dos artes.
A comienzos del siglo pasado, los cineastas del cine mudo utilizaban guiones que en cierta manera eran una adaptación de óperas célebres. Siguiendo ésta línea se rodó la primera “Carmen” con Regina Badet y Max Dearly en Francia en el año 1909. Otra versión en Estados Unidos en 1915 interpretada por Theda Bara y en el mismo año una por Geraldina Farrar.
Así es como el filme de ópera formó parte de la niñez del cine, para abordar en el comienzo de su madurez, por el año 1943 una “Carmen” ya sonora (pero solamente hablada) y otorgándole a cantantes célebres de la época la posibilidad de imprimir las huellas de su propio arte, en nuestro preciado y conocido “septimo arte“.

Artículos relacionados









Últimos comentarios