El cine y la ópera. Parte 2º
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El cine y la ópera. Parte 2º

Antes que la industria del filme de ópera se desarrollara propiamente dicho, iban encontrando su lugar los elementos principales, tal como sigue funcionando hoy en día: el rodaje al aire libre para lograr mayor realismo, la presonorización, indispensable en las escenas de exterior pero que además le permite al cantante desempeñarse mejor como actor y el derecho que se atribuye el director de modificar el libreto original para transformarlo en un guión cinematográfico.

Luego llegó la ópera filmada en estudio, que ha llegado a constituir una verdadera industria en Alemania (ver hoteles en Berlín). Los artistas líricos actúan en un estudio con decorados semejantes a los del escenario de un teatro de ópera.

Otra manera de rodar una película operística consiste en encomendar la interpretación de los papeles a actores de cine y el doblaje a cantantes de ópera. Esa fue la solución que el director alemán Syberg adoptó para filmar el “Parsifal” de Wagner en 1981.

En las grandes películas líricas filmadas por directores de talento con todos los medios técnicos y financieros que brinda la industria cinematográfica, se yuxtapone la obra del cineasta a la creación original.

Podemos nombrar “La Traviatta” de Zefirelli, “Don Juan” de Losey, “La flauta mágica” de Bergman. Estas películas marcan quizás el nacimiento de un “estilo cinematográfico” capaz de ofrecer al público el suceso más satisfactorio de la representación tradicional de ópera.

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