El guerrero número 13
El guerrero número 13, basada en la novela de Michael Crichton (productor en esta película, por cierto) “Eaters of the dead”, es una película de aventuras que podría haber resultado más o menos entretenida si no tuviera un desarrollo tan apresurado.
Porque el protagonista, un poeta árabe (Banderas) que vive en Baghdad, se cruza con un grupo de vikingos (llamémosles así), enrolándose, nadie sabe cómo ni porqué, en una misión en la que se necesitan 13 guerreros, 12 de ellos vikingos, el otro, de alguna tierra lejana.
Y claro, Banderas, que pasaba por allí, es el elegido. Todos sabemos que el cine tiene un desarrollo más rápido que la realidad. Lógico. Pero una cosa es que un protagonista encuentre un taxi nada más salir a la calle, y otra muy diferente es que, sin saber aún quién es el personaje, se vea envuelto en una misión extraña sin comerlo ni beberlo. Y todo esto mientras pasan los títulos de crédito del inicio. Las prisas, que siempre dan malos consejos.
También habría que mencionar una muestra más de lo arbitrarios que resultan los casting en el cine de Hollywood. El protagonista es Banderas, que encarna a un árabe y, claro, todos sabemos que es lo mismo un malagueño que un árabe. Pero, ya se sabe, había que aprovechar el tirón de Anchonio (Melanie Griffith dixit), que un año antes había estrenado La máscara del zorro.
El guerrero número 13 es una película que, si uno no tiene nada mejor que hacer, y aquí incluímos contemplar el errático y apasionante vuelo de las moscas, puede verse sin sufrir demasiado. Eso sí, no esperéis nada. Lo de la mosca sería mejor opción.
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