Grandes Personajes: Rick en Casablanca
Un personaje de cualquier película se compone de dos partes fundamentales e interconectadas: la teoría (el guión) y la práctica (la interpretación). Existen numerosos ejemplos de grandes interpretaciones sin trasfondo atractivo, igual que hay magníficos personajes que sufrieron interpretaciones infames.
Sin embargo, cuando se dan ambas circunstancias, el personaje y, por ende, el actor que lo interpreta, pasan a la categoría de leyenda.
Ese es el caso de Humphrey Bogart y su Rick de Casablanca, un idealista descreído, aventurero acostumbrado a convivir con la derrota, romántico empedernido, superviviente contumaz y, mal que le pese, buena persona.
El cinismo que desprende el personaje (“¿por qué vino a Casablanca, Rick? Para tomar las aguas… Pero esto es un desierto… Me informaron mal…”), su aparente falta de sentimientos ante cualquier mujer que no sea su enamorada (“¿dónde estuviste ayer, Rick? No lo sé, no tengo tanta memoria… ¿Te veré esta noche? No lo sé, nunca hago planes con tanta antelación…”), su franqueza descarada (“¿cuál es su nacionalidad, Rick? Soy borracho…”) y su idealismo radical (“…usted luchó en el bando republicano en España y también en Etiopía… Y, en ambos casos, me pagaron muy bien… Más le hubieran pagado los vencedores…”) no ocultan la verdadera naturaleza del personaje, el romanticismo de los clásicos y el gran corazón que se esconde tras ese cigarrillo eterno en la comisura de los labios (“…has tocado la canción para ella… si ella ha podido soportarla, tócala para mí…”), capaz de renunciar al amor de su vida a cambio del comienzo de una bonita amistad y el recuerdo siempre presente en las notas del piano de la canción que le recuerdan constantemente que, al menos, siempre le quedará París.
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