Los caballeros se casan con las morenas
Si la acción de “Los caballeros las prefieren rubias” tenía lugar en París y en el buque a bordo del cual se trasladaban a Europa sus dos protagonistas, Marilyn Monroe y Jane Russell; aquí en “Los caballeros se casan con las morenas” (Gentlemen Marry Brunettes), los escenarios en que se mueven, nuevamente, Jane Russell, acompañada en esta oportunidad por Jeanne Crain corresponden casi en su totalidad a la capital francesa.

De ahí que la película venga a ser una especie de folleto turístico de la Ville Lumière, hasta el punto de que en una de sus canciones “My funny Valentine”, de Richard Rodgers y Lorenz Hart, se escenifica entre las ilustres esculturas del Museo Rodin, nueva afirmación del prestigio cultural y artístico de París.
Jane Russell y Jeanne Crain son las hermanas Bonnie y Connie Jones, dos artistas que llegan a París contratadas (eso creen ellas) para actuar en algunos de sus mejores locales.
Sin embargo la realidad es otra, ya que el empresario que las ha hecho venir de América (Scout Brady) es un pobre diablo sin banca que subsiste gracias a la ayuda de un compañero que trabaja en los cometidos más variados, a razón de uno por día, en espera de poder actuar en el teatro.
Con todo, Bonnie y Connie Jones acaban triunfando en París, del mismo modo que muchos años antes, en la década de los veinte, lo hiciesen su madre y su tía, Mimi y Mitzi Jones.
“You’re Driving Me Crazy”, de Walter Donaldson, con Jane Russell y Jeanne Crain abriendo el show, posee la dosis precisa de encanto y seducción para que la fiesta se inicie con el brío que corresponde. De allí en más se van sucediendo números cargados de gracia y picardía.
Imagen: thepostermint
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