Zodiac, hasta el mejor escribano echa un borrón
Me gustan los directores que conocen su oficio, que dominan la técnica y que dotan a los planos del sentido que ellos quieren que tengan.
Por eso me gusta David Fincher, director de este monumental aburrimiento llamado Zodiac.
Él es el director de Seven, The Game y El club de la lucha, entre otras, películas que, a nivel de dirección, rozan lo sublime.
Pero como todo ser humano, David Fincher también comete errores.
Zodiac es un claro ejemplo.
Se trata de una película de más de dos horas de duración con un argumento que no debería ocupar más allá de 30 minutos.
Técnicamente, la película está bien hecha. Como ya he dicho anteriormente, es de los que conoce el oficio.
Pero, ay amigo, no hay historia, no hay personajes y, sobre todo: no hay ritmo.
Por no hablar de la elección de los actores que no envejecen y mantienen un aspecto de eternos veinteañeros, pese a contar con varios hijos a sus espaldas y décadas de película en el lomo.
Y por no hablar de la ambientación de la misma, que transcurre en la década de los 70 y, salvo unas patillas medianamente aceptables en uno de los personajes, los demás se visten y peinan como si se tratara de anteayer.
Y, ya que estamos, podríamos mencionar el doblaje. España era un país que solía caracterizarse por la inmensa calidad de los actores de doblaje. Obsérvese el sutil uso del tiempo verbal: solía. Pretérito imperfecto. Nunca mejor dicho. Por lo de imperfecto, me refiero.
Y, sumándolo todo, nos encontramos con el motivo del titular de esta crónica: hasta los mejores perpetran películas infames.
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